Cesar Rengifo. Imagen, pensamiento y acción

El realismo social, desde sus orígenes europeos a mediados del siglo XIX, pretendía representar la vida cotidiana con toda su banalidad y fealdad, en la que lo malo y lo desagradable debían mostrarse sin enmienda, para formular así una crítica a la sociedad a partir de la observación minuciosa del entorno. El artista, de este modo, se proponía traducir las costumbres e ideas del momento, pero también los aspectos deprimentes del trabajador y la miseria social, enfocándolas desde una perspectiva comprometida con las luchas de emancipación.

Ante lo planteado, se podrían comentar dos formas de esta estética. El realismo sin moraleja, empeñado en traducir la realidad circundante al artista a la manera de anécdota descriptiva de lo que observa, y el realismo como moraleja, en la que la metáfora conlleva a una postura político-estética del artista con su tiempo; lo que le da un talante de arte comprometido, como el que practicó el pintor francés Courbet, que en una ocasión recordaría que el realismo es en esencia un “arte democrático”. Courbet es el creador de la estética del realismo social y además acuñó el término. Su participación, como militante anarquista, en las luchas que marcaron la sublevación de la Comuna de París está suficientemente documentada.

Así, las huellas de esta estética tocarían la sensibilidad de pintores venezolanos como Arturo Michelena (1863-1898) y Cristóbal Rojas (1860-1890), quienes estudian en París a finales del siglo XIX, en un momento en que el realismo ya había obtenido aceptación y prestigio en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses y en el gusto de la época. Esta visión la encontraremos luego en algunos desgarradores lienzos de pintores venezolanos como Francisco Valdez (1877 - datos en estudio) y Abdón Pinto (hacia 1891-1918) entre otros, quienes a principios del siglo XX vivenciaron las miserias socio-político-económicas de la Venezuela de los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.

En nuestro continente, a raíz de la revolución mexicana, la primera del siglo XX, se crean las condiciones para una nueva irrupción de un arte comprometido, con claros y definidos perfiles latinoamericanistas. Se trataba de una corriente artística popular, de clase, militante, marcadamente combativa, con intenciones proselitistas, que surgió para apoyar las causas de la clase trabajadora y que se expresó, principalmente, mediante la técnica del mural. Buscaba exaltar la historia emancipadora de la región, rescatar los valores de la cultura autóctona y la moral del nacionalismo, como fuente para la irrupción de un ideario basado en anhelos utópicos y revolucionarios. Surgió como respuesta a las hegemonías de las metrópolis o centros de poder de los llamados países desarrollados.

En todo caso, el componente ideológico del México revolucionario y la estética del muralismo a que se ha hecho referencia anteriormente, se expresarán de manera distinta en la pintura comprometida de nuestros artistas venezolanos. Partícipes de un contexto político-social con especificidad propia, ellos abordarán de forma diferente el estilo realista del muralismo mexicano. Será un abordaje temático a partir de las costumbres, las tradiciones, la desolación del campo venezolano, la irrupción social de las barriadas en la periferia de las grandes ciudades; con representaciones de la pobreza, la miseria, el difícil proceso de conformación de la nacionalidad y las consecuencias de una economía que se debatía entre el campo y la ciudad, y otros problemas de la realidad venezolana.

En este sentido, entendemos por realismo social en Venezuela un movimiento que emerge de un ideario social y americanista que anuncia nuestra primera respuesta local ante la influencia del estilo europeo y que expresa parte de una conciencia de reafirmación de lo nacional, en pro de la reconquista de nuestra identidad. El realismo social en Venezuela tiene su antecedente en la obra que a partir de los años treinta realizarán Francisco Narváez (1905-1982) y Alejandro Colina (1901-1976).  En el plano local, el realismo social fue el primer movimiento que cuestiona la impronta paisajista de la llamada Escuela de Caracas que dominaba la escena del momento.

Los realistas

A partir de 1936, se produce la reforma de la Academia de Bellas Artes de Caracas, la cual toma el nombre de Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas de Caracas. En ese momento se inicia una política nacional de becas al exterior (México y Chile) que permitirá a jóvenes talentos como César Rengifo (1915-1980), Gabriel Bracho (1915-1995) y Héctor Poleo (1918-1989), tener contacto con la estética revolucionaria muralista mexicana y el realismo social latinoamericano, que experimentaban un notable auge e influencia en la región para ese entonces.

César Rengifo nació, creció y partió dentro del gran maremágnum de la explotación petrolera en Venezuela, que se inicia en 1914 y culmina, en un primer ciclo, en 1980 con la nacionalización; por ello el artista vivió bajo el signo de la cultura del petróleo, aspecto que motivó que su obra y acción política tomaran el camino de crear los “antídotos” contra ella, conformando así su realismo poético. En este sentido, la obra de César Rengifo, múltiple y compleja, adquiriría visos interdisciplinarios al expresarse a través de la plástica, la dirección teatral, la dramaturgia, el ensayo, la poesía, el periodismo, la crítica de arte y el activismo político. Rengifo parte del compromiso y la entrega a una particular visión de mundo inscrita en la utopía revolucionaria y su promesa de redención social de los oprimidos.

Entre los múltiples atributos que destacan la férrea convicción de Rengifo, sobresale su talante ético, cultivado a través de los supuestos doctrinales que propuso con la intención de romper las fronteras entre vida, obra, pensamiento y acción política, mediante un programa pedagógico personal basado en las posibilidades del arte como factor de transformación social. Por ello, a temas como el petróleo y sus consecuencias en la sociedad y la economía nacional, la cultura de nuestros pueblos originarios, la miseria producto de la migración campo-ciudad, y la exaltación de ciertas costumbres y tradiciones locales, se unen sus ideas acerca de la identidad, el nacionalismo y lo telúrico para conformar su ideario estético palpable en los diversos procedimientos que abordó bajo una óptica marxista.

César Rengifo empezó su activismo político en 1928, época en la que participa como distribuidor de panfletos antigomecistas. Entre 1930 y 1936, estudió en la Academia de Bellas Artes de Caracas. Tras la muerte de Gómez, en 1936 empieza a denunciar por medios pictóricos los desequilibrios e injusticias sociales que padecía Venezuela. Viaja a Chile en 1937, comisionado por el Ministerio de Educación, para estudiar técnica y enseñanza de las artes plásticas y artes aplicadas. Ese mismo año parte a México para estudiar pintura mural en la Academia de San Carlos, y en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, ubicadas en la capital.

Su contacto con los maestros del muralismo mexicano, como José Guadalupe Posada, y con el ambiente cultural y político del país azteca de ese entonces, le obligan a tomar partido con respecto a los acontecimientos que suscitan la Guerra Civil Española. Por este motivo se une al movimiento internacional Socorro Rojo para contribuir a la causa Republicana, a la vez que se involucra en la lucha por la democracia en Venezuela. Estos acontecimientos le llevan a inscribe en el Partido Comunista de México, organización que Salvador de la Plaza, cubano, y Gustavo Machado, venezolano, quienes se hallaban en el exilio, ayudan a fundar. Desencadenando así su definitiva identificación política que marcará su vida hasta su fallecimiento.

Luego de su estancia en México, ya en Venezuela, se incorpora a la lucha política e inicia su proyecto pedagógico revolucionario basado en el arte e inspirado en la idea del “retorno a las raíces”. Sostiene que la labor artística se encuentra enmarcada en la lucha de clases y mediada por ella. Rengifo la concibe como un reflejo de las nociones, conocimientos, valores y visión de mundo de estas clases. Para él, aun siendo el arte patrimonio de la humanidad, la división entre trabajo manual y trabajo intelectual establece una enajenación que impide a los hombres su disfrute y conocimiento, así como su interés por este tipo de labor.

La extensa recopilación de sus ensayos, conferencias, artículos, obras teatrales y comentarios relacionados con su fecunda obra pictórica, ensayística y teatral, editada en 1989, por la Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de Los Andes, dan cuenta de la intensidad de su prolijo activismo político-cultural, poco común en el universo de los creadores comprometidos venezolanos. Esta actividad constituye suelo fértil para el análisis e interpretación de la relación estrecha que el artista mantuvo entre vida, obra, pensamiento y acción política, marcando su condición humana, su intervención en el medio social que le tocó vivir y su orientación hacia el despliegue de ideales.

La representación

Rengifo tuvo siempre la intención de no separar el vínculo estrecho que lo involucraba como hombre de teatro, escritor y artista plástico y resaltó, en todo momento, la mutua inspiración y complementariedad que cada una de estas disciplinas tiene para con sus ideales estéticos: compromiso con Venezuela, con la justicia social y la dignidad de los pueblos. Para Rengifo no era posible concebir el arte separado de la ideología, ni era posible que existiera actividad humana alguna desligada de la política, ni del acontecer social. Sin embargo, manifestó con acierto que lo fundamental en el arte es lo estético y es a través de ello que se expresan esos otros valores señalados (1).

Desde el punto de vista de sus procedimientos pictóricos, la habilidad de Rengifo en la construcción del cuadro como estructura delata su aprecio por la tradición técnica del dibujo. Basado en este procedimiento, el artista por lo común acomoda sus composiciones desde un esquema que fija por intermedio del carboncillo, el cual es aplicado de forma ágil y segura, con trazos delineadores que luego serán remarcados con el grafito para, seguidamente, acondicionar el boceto así logrado con la adición de pinceladas de acuarela que le permiten definir zonas de claro-oscuro, de luces y sombras.

Es notorio en Rengifo su alejamiento de cualquier intención naturalista, para evitar en el observador la distracción que desvíe su atención del motivo. El procedimiento de Rengifo alienta a pasar de lo formal-colorístico y su goce sensual a centrarnos en la anécdota, persiguiendo con ello que la mirada cautiva concentre su energía en la moraleja que nos propone, la cual interroga la cultura del espectador desde el mensaje que pretende transmitir.

De este esquema general, cuyo protagonista es la figura humana, el artista pone especial énfasis descriptivo en la representación de manos y pies, cuyo verismo puede ser asociado a la condición social de los personajes mostrados: gente sencilla, humilde, que basa su subsistencia en el trabajo; campesinos u obreros en situación que muestran el instrumento material que los ata a su desempeño.

Un segundo nivel de lectura orienta la mirada hacia la preocupación que el artista pone en los detalles descriptivos del rostro de sus personajes. Por lo común, en la representación de esta zona el artista pone el mayor cuidado en ciertos aspectos que aluden a una actitud compungida, ensimismada, reconcentrada, de allí que los ojos mostrados permanecen cerrados o entreabiertos, como conteniendo el pensamiento extraviado en la confusión del momento, absortos en la situación que obliga a analizar las circunstancias penosas de lo vivido.

Un tercer nivel de lectura ocuparía la atención del artista en la indumentaria o ropaje que exhiben sus modelos. Aquí el esquematismo se hace más palpable con la intención de exhibir ciertos valores: sencillez, humildad, pobreza, deterioro, despojo, los cuales destacan por encima de cualquier sentimiento de vergüenza para exaltar la idea de dignidad. Una dignidad que se evidencia desde los pies descalzos o las humildes alpargatas que sus personajes exhiben como signo de su condición de clase.

El contexto general en el que se inscriben estas imágenes, delata a primera vista su conformación escenográfica. Recurre a un sistema de representación en el que el horizonte, la idea de profundidad o lejanía, está construido a través de la superposición de planos que invitan a imaginar el efecto en profundidad. Otra característica a destacar dentro de las estrategias representativas del artista alude a su necesidad de ubicar a sus personajes de espalda y alejándose del espectador, un aspecto que señala una determinada relación espacio-tiempo de huida, que invita al espectador a involucrarse en la escena y acompañar a sus personajes en la búsqueda de su destino final.

La consciencia urgente que Rengifo tenía de la inseparabilidad de la imagen, el pensamiento, la palabra y la acción le obligaba a una coherencia y cohesión en sus manifestaciones estéticas, cuando afirmaba: “(…) yo creo en el arte en función de la humanidad, en función de lo que el arte aporte al hombre, en función de lo que el arte haga por mejorar las condiciones sociales, las condiciones de la humanidad y como artista venezolano lo he creído siempre, lo sustento. Debemos expresar a nuestro pueblo, su pasado, su presente y sus sueños de porvenir, sus grandes aspiraciones.” (2)

Félix Hernández

Lugar de Exhibición

Nivel II

Dirección

Av. México, entre las estaciones Bellas Artes y Parque Carabobo del Metro de Caracas, frente a Puente Brión, La Candelaria. Galería de Arte Nacional.

Fecha

Lunes, Noviembre 30, 2015

Horario

Martes a viernes: 9:00 am a 5:00 pm / Sábados, domingos y feriados: 10:00 am a 5:00 pm